Respuesta a: FORO DE DEBATE DE LA UNIDAD

#1473
Silbe
Moderador

Nunca he salido de Europa pero mi formación académica y mi experiencia personal me han posicionado de forma diferente frente a la diversidad cultural. Por una parte, tengo que reocnocer que mi infancia en un centro concertado ha transcurrido en una burbuja en la que solo se han filtrado diferencias de clase, pero no ha habido prácticamente diversidad sexual, ni étnica, salvo en algunos casos aislados. En el bachiller tuve una experiencia que en ese momento no pude racionalizar pero con el tiempo sí. El Instituto Central Miguel de Unamuno, en Bilbao, era antes un instituto segregado pro sexos, y había un pabellón para las mujeres y otro para los hombres. Actualmente son dos pabellones, uno se llama ies Miguel de Unamuno y otro ies Martín de Bertendona. Ambas estancias están pegadas pero el alumnado no tiene nada que ver. Mientras que en Unamuno la mayoría de la población era autóctona, la de Bertendona era en su mayoría población extranjera. Cuando salíamos a hacer gimnasia recuerdo que veíamos a esa otra gente disfrutando de su tiempo libre en las instalaciones compartidas pero jamás hablábamos, ni nos acercábamos, ni nos tocábamos. No había diálogo, había una superioridad moral patente por nuestra parte y el simple hecho de la división y la guetización nos mantenía en realidades paralelas y jerarquizadas. A lo largo de la adolescencia conocí a gente de Abya Yala (las mal llamadas segundas generaciones), también a gitanos y gitanas, con los que tuve malas y buenas experiencias, también magrebíes, solo hombres, etc. Ya en la Universidad conocí a gente de intercambio, no mucha desde luego, y tampoco se puede decir que yo generara un contacto estrecho. En definitiva, algo que no nace de repente, que siempre estuvo ahí, algo que nos saca de nuestra comodidad, que nos interpela y que nos coloca en posición de autocrítica y perpetua revisión.