Respuesta a: Debate módulo V

#2788
CM.ETAYO
Moderador

Buenas tardes,

De nuevo perdón por participar tan tarde.

Estoy de acuerdo con mis compañeros y con lo que se recoge en los materiales: el motivo por el no existe un tratado específico de derechos ambientales es que esto iría en contra del pensamiento instrumentalista occidental que alimenta y mueve al Capitalismo. Un catálogo de derechos ambientales que limite nuestro acceso a los recursos para hacer la vida sostenible, supondría un cabio de paradigma, ir frontalmente contra el ideal capitalista de crecimiento ilimitado y contra la concecpión occidental de la naturaleza como un mero medio que someter a nuestros fines. Es decir, la percepción de ser humano y naturaleza como algo dicotómico.

Respecto a los elementos de la naturaleza como sujetos de derechos, lo cierto es que son ya varios los ordenamientos jurídicos que recogen los Derechos de la Naturaleza, al menos en su conjunto, como es el caso de la constitución de Ecuador. Creo que es una práctica interesante, como se ha observado en otros casos, la ley no es en sí el cambio, pero puede ser un primer paso para construir nuevas maneras de pensar y actuar. En este caso, inculcando la necesidad de comprender a la Naturaleza como un todo en el que estamos integrados, la importante de cuidarla y respetarla y no disponer de ella como una despensa o un almacén de materiales con el que producir infinitamente.

En referencia a los cambios a raíz de la pandemia, me muestro algo escéptica. Parecía lógico, y creo que a muchos es lo que nos dio esperanzas durante el confinamiento, que debían producirse cambios inminentes y que este shock mundial nos haría reaccionar. Pero después de un año y haciendo un pequeño repaso de los acontecimientos, se hace evidente que el capitalismo es una máquina bien engrasada y está preparada para perpetrarse reinventándose como la única opción viable, incluso cuando la crisis ha surgido a raíz de sus dinámicas. Personalmente, lo observo en la proliferación de nuevos comercios surgidos de las necesidades de la pandemia, sin plantearse el auténtico origen de esta, en el hecho de que, como en cada crisis, las grandes corporaciones se han hecho más grandes (bien por explotar esas nueva necesidades, bien porque la crisis económica sobrevenida ha arrasado con pequeños comercios y empresas); pero también en las decisiones electorales que se han tomado en las urnas los últimos meses. No hemos comprendido, o hemos decidido no atender, la raíz del problema.