Respuesta a: Foro del Módulo 1

#3636
Xabi98
Participante

Buenos días y perdonar la extensión, respondiendo a la primera pregunta, los derechos humanos en abstracto, es decir, como evolución sobre el papel o en base al acuerdo institucional a escala transnacional todavía puede presentar alguna transformación más como señalaba anteriormente mi compañera en ámbitos cómo los derechos de las personas LGTBI+ o los derechos relacionados con internet y el mundo digital. No obstante, la aplicación es otro asunto, por las trabas de múltiples que en la práctica se dan desde el ámbito occidental para frenar el desarrollo socioeconómico de África y cierto reaccionarismo disfrazado de anticolonialismo en el propio continente africano.

A la hora de aplicarlos no creo que se puede hablar de una evolución en materia de derechos humanos más allá de la tercera generación -e incluso segunda generación de derechos humanos. Pese a que los Movimientos de Liberación Nacional y cierto cambio de conciencia occidental, han permitido avances en los DDHH de 1ª generación (Libertad, Representatividad y Participación en la Comunidad Internacional), los DDHH asociados a la igualdad (2º generación) tanto nivel externo e interno poseen una heterogeneidad muy diversa en su aplicación justa por todo el continente (No es lo mismo ser Nigeria o Sudáfrica, que la República Centroafricana),
Evidentemente el Movimiento de los Países No Alineados -del cuál varios estados africanos han sido sus grandes impulsores-, ha tratado de poner sobre la mesa la evolución solidarista y de superación de los marcos tradicionales de DDHH. No obstante, sin el paraguas soviético y el contexto revolucionario anticolonial capaz de poner en jaque a las antiguas metrópolis convierte en papel mojado la aplicación de los DDHH solidaristas de tercera generación. La ONU y otras OI de relevancia han hecho parte de su agenda el solidarismo y lo anuncian a viva voz para tratar “empoderar” a los pueblos, pero en su desarrollo real no es más que dejar a los africanos que hablen largo y tendido, oír sin escuchar y sin ceder ni un ápice del poder estructural.

Respecto a la segunda cuestión, es inevitable asociar el origen de los DDHH a un contexto occidentalocéntrico, ahora bien, como el desarrollo a escala global de un sistema de producción como el capitalismo financiarizado nos muestra, la aplicación de un marco universal producción y distribución es más que posible. De esta manera, porqué hay que relativizar y rehuir de los DDHH universales en función de factores reaccionarios y opresores que hemos superado en cada una nuestras culturas sin perder su riqueza. Respecto al caso concreto de la mutilación genital femenina o las prácticas chamánicas con los albinos, quizás el factor represor (encarcelamiento de líderes tradicionales, etc.) sea hasta contraproducente e instigador de movimientos fundamentalistas; pero tachar de colonialista el avance de la ciencia o los DDHH universales que desmontan cada uno de sus mitos absurdos y la solución primordial para su florecimiento, es caer en la victimización al ver tambalear sus frágiles estructuras de poder opresor.

De manera que la extensión de la aplicación de los DDHH para las mujeres, y en particular en el África subsahariana, pasa por luchar sin piedad ideológicamente para desmontar sus discursos desde el conocimiento científico y destruir el corporativismo entre líderes tradicionales e intereses occidentales en las estructuras de poder socioeconómico y cultural de África. La cultura africana no es bella en su “virginidad” -cómo pureza idealizada-, si no bella en su movimiento junto a los demás humanos; hay mucho potencial y mucho que ganar para las africanas (sus homólogas occidentales ya disfrutan parcialmente muchas de sus ventajas). Por otro lado, si la defensa tradicionalista incluye violencia de cualquier tipo, la respuesta debe ser en los mismo términos e incluso mayor para erradicar prácticas de esta índole.