Respuesta a: Foro del Módulo 2

#3720
Xabi98
Participante

Buenos días,
Respondiendo a la primera pregunta planteada, entiendo que la democracia, los derechos humanos de las mujeres y la participación ciudadana, son conceptos en su abstracción universal vinculados de una forma u otra como lo demuestran las diferentes teorizaciones políticas. No obstante la realidad material nos demuestra que la participación de ciudadana en las actividades de la sociedad pueden no implicar valores o comportamientos democráticos o el respeto a los derechos humanos de las mujeres; lo mismo ocurre que la existencia de una democracia en términos liberales no presupone de facto la eliminación de cualquier reducto de violación de derechos de las mujeres e incluso una participación plena de la ciudadanía. Esto mismo es extrapolable al respeto pleno de los derechos humanos de las mujeres, que no presupone directamente la existencia de unas condiciones democráticas y de participación ciudadana plena, si otros colectivos quedan excluidos de la sociedad y de su participación política igualitaria. Ahora bien, si podemos afirmar que la mayor vigencia material en la realidad concreta de un país, región o en la propia sociedad internacional de cada uno de estos conceptos retroalimenta de alguna manera a los demás.
En cuanto a la segunda pregunta, evidentemente, es posible que un régimen no-democrático africano, en términos liberales, promueva e implemente los derechos humanos de las mujeres; de hecho hay experiencias previas asociadas a intentonas socialistas como es el caso del revolucionario Thomas Sankara ,-llegó al poder mediante una acción militar- que abogó en su corta vida por actuar vehementemente contra la explotación de la mujer y su concienciación contra el reaccionarismo amparado en la tradición y religión nativa.
Por último, contestando a la tercera pregunta, cómo repensar los “derechos humanos de las mujeres”, la “democracia” y la “ciudadanía” paritaria e igualitaria desde las relaciones de poder y la geopolítica; señalaría que la garantía de estas requiere de una reestructuración más benévola de la distribución del poder político y económico internacional, que permita la existencia de regímenes transformadores sin ningún tipo de traba. Pero visto desde la perspectiva del poder, la preponderancia de los intereses nacionales corporativos y geopolíticos – y, entre estos de las grandes potencias/mercados frente a los más medianos y pequeños- frente a las variables de desarrollo humano y ambiental, sin capacidad de reacción contestaría real es imposible un desarrollo real de estos conceptos en el continente africano. Es decir, las experiencias panafricanistas de los estados árabes socialistas y subsaharianos nos demostraron que sin el paraguas atómico y militar propio, el continente africano, se convierte en un teatro de operaciones donde se diluye el choque entre el imperialismo hegemónico y los imperialismos contestatarios.
De este choque y en el baile de alianzas y adhesión a los diferentes bloques, se sirven las élites tradicionales para mantener su poder y sus costumbres patriarcales y clasistas, como gestores aventajados y experimentados de la zona; a la hora de la influencia neocolonial, la existencia de regímenes transformadores obstaculiza el expolio inmediato de los factores y recursos productivos africanos, incluso incrementa la competitividad interpotencias. Por ello, para luchar contra el relativismo y reaccionarismo cultural nose puede luchar sin tumbar las estructuras que lo reproducen y sustentan de forma interesada desde el centro global, lo que va más allá de la existencia de gobiernos transformadores sino de regímenes capaces de defender vehemente sus posturas interna y externamente al igual que las potencias que amenazan su existencia.