Respuesta a: Foro módulo 1

#3862
luar
Participante

Buenos días:
A continuación paso a exponer las consecuencias negativas que desde mi punto de vista presenta la masculinidad hegemónica.

Una de las cuestiones mas adversas de dicho estilo es lo que supone de presión y ansiedad para el mismo hombre, tener que ejercer siempre el rol social de “macho dominante”, el que tiene el poder, el que todo lo controla. Resulta difícil mantener en todo momento este papel con todo lo que ello acarrea (demostrar dominio sobre los demás, hipercompetitividad, tendencia a la agresión o violencia sexual…). En muchos momentos de la vida cotidiana surgen sentimientos relacionados habitualmente con lo femenino, que no están bien visto expresar o que incluso no se permiten, evidenciado, por ejemplo, en frases como “los chicos no lloran” o “o seas nenaza”. De esta manera, el riesgo de represión emocional es muy alto, corriendo el riesgo de dañarse la salud mental del hombre.

Otra consecuencia negativa de la masculinidad tóxica es la demostración de fuerza y poder desarrollada sobre la mujer. El hombre, bajo este modelo, es el que valora lo adecuado e inadecuado y el que toma decisiones, el que dice la “ultima palabra”. Según este estilo de masculinidad, claramente inadecuado, se espera del hombre que marque lo que la mujer tiene qué hacer, dónde y cuándo. Y cuáles creo yo que son las consecuencias de este modelo: deja a la mujer en completa indefensión, en clara desigualdad, se coarta su libertad. Hablo, sin lugar a dudas de comportamientos y actitudes de maltrato que se ve reflejado en su máximo exponente en el maltrato físico y sexual.

Y para terminar quiero hacer referencia a un valor muy común en la masculinidad hegemónica, me refiero a la hipercompetitividad. Todos y todas en algún momento de nuestras vidas nos vemos obligados a competir, pero el problema aparece cuando se convierte en una conducta dañina o agresiva. A los hombre se nos enseña a ser los mejores, a ganar; y esto ¿a qué precio? Pues a costa de hipotecar la vida social, personal y familiar. El hombre extremadamente competitivo, es el hombre que, entre otras cosas, prioriza los objetivos laborales, que quiere ascender en su trabajo, conseguir el mejor puesto en su empresa, viéndose afectada la vida familiar, las relaciones con amigos… Enfocar todos los esfuerzos en esas cuestiones ofrece, así mismo, otras consecuencias ciertamente nefastas sobre nuestra personalidad: estrés, tristeza, miedo, frustración; pudiendo afectar de manera importante a nuestra propia valoración personal y a nuestra autoestima.