Respuesta a: Foro módulo 1

#5013
Josebe
Participante

El modelo de masculinidad tradicional ha tenido claros efectos negativos en los hombres desde su primera infancia: ¡Los niños no lloran!, esta es una frase que muchos habrán oído. Eso quiere decir que los chicos, los hombres tienen limitada su posibilidad e expresar sus sentimientos. Una expresión que se permitía y animaba a las mujeres (que así demostraban su fragilidad y debilidad, también). Mostrar los sentimientos se lee como debilidad, y en los chicos y hombres no está permitido. Creo que los hombres se están rebelando un poco a esta presión social, y desde la educación se ha ido dando avances, aunque todavía encontramos situaciones en la escuela y en las familias que indican que esta idea está muy interiorizada y aunque el discurso de “los niños también lloran” existe, los mensajes que se dan son contradictorios.
En la misma línea, la idea de que ser hombre es ser fuerte, con iniciativa y protector, hace que los hombres que no tienen este perfil sean menos considerados por sus compañeros y compañeras. He conocido durante mis años de docencia a muchos chicos que no tenían ese perfil, y que contaban sus dificultades para ser aceptados no solo por sus iguales, sino por las chicas. En una investigación en la que colaboré con otras universidades sobre género y chicas adolescentes, éstas indicaban que los chicos “teddi” les llamaban, no les gustaban para salir con ellos, aunque decñian que les querían como amigos. Así, otro de los efectos negativos es que los chicos tienen que demostrar fuerza, si quieren ser reconocidos como tal.Esto también tiene como consecuencia que asuman riesgos y arriesguen su salud, su vida…
Y, otro efecto negativo, tiene que ver con la idea de que el hombre debe ser protector. Protector,no cuidador. Eso significa que tiene que asumir las responsabilidades de la familia. Y si es cuidador, se le llama “blandengue”, como estamos viendo últimamente. El mensaje de que el hombre igualitario es un blando, y no corresponde al perfil del hombre, hace flaco favor a los adolescentes que están en pleno desarrollo y están buscando su identidad. Estoy de acuerdo con Celia cuando dice que son los más vulnerables, y es, por tanto, con los que hay que trabajar. Pero también con las personas adultas que siguen mandando mensajes brutales para los chicos que no quieren ser “machos alfa”.