Respuesta a: Foro módulo 1

#5027
Martitosky
Participante

Aunque no estoy rodeada de gente joven (entre 15 y 25 años calculo) como para saber de primera mano qué efectos tiene la masculinidad hegemónica en los hombres jóvenes, si he observado varias cosas, especialmente en el colegio de primaria, donde se sigue educando de una manera patriarcal:

1. La educastración: así llamo a castrar los sentimientos de los chavales (varones), cuando se les humilla si expresan cualquier sentimiento que no sea ira, y orgullo (en una demostración de éxito, ya sea por fuerte o por vencedor de un juego, o por la nota más alta). El hecho de no vivir de acuerdo a lo que uno siente, o de avergonzarse de estar triste, decaído, o de haber fracasado en algo (entendiendo como fracaso el no haber logrado algo que se ha intentado), genera un malestar mayor, conlleva a frustración y a la larga alimenta el odio, y con ello, la violencia. Considero fundamental educar a nuestros hijos e hijas con inteligencia emocional, hablando de lo que se siente y entendiendo lo que nos pasa, para así saber cómo gestionar esos sentimientos. El hecho de no soportar lo que una persona siente, conduce a algunas personas suicidarse, y si miramos el índice de suicidios de hombres y mujeres (dejo enlace abajo) veremos que el de ellos es mucho mayor que el de ellas.
(https://datosmacro.expansion.com/demografia/mortalidad/causas-muerte/suicidio/espana#:~:text=As%C3%AD%20pues%2C%20se%20suicidan%2012,muy%20importante%20en%20el%20mundo.)

2. Protector vs Cuidador: lo ha mencionado un compañero antes, y me parece importante compartirlo y señalarlo. No tienen que ser protectores, ni responsables de vidas de otras personas (más allá de la responsabilidad que conlleva el tener una familia y cuidarla). La presión por tener que “proteger” a otros seres, sobre todo a las mujeres, termina siendo una función dañina, para ellos que tienen que ser fuertes de manera continua y para ellas, que tienen que demostrar la debilidad adecuada para no herir los sentimientos de quien las “debe” proteger. El papel de cuidador, mucho más enriquecedor y que conlleva a relaciones más igualitarias y más sanas, está aún mal visto en la sociedad. En las empresas (en España), por ejemplo, quienes se reducen la jornada para cuidar de personas dependientes suelen ser en más del 90% mujeres, y del restante 10% (y ya es mucho decir) ocurre que hay quienes les miran mal por haberse acogido a estos derechos. De hecho hay hombres que no se acogen a ellos por miedo a ser ridiculizados, humillados o por miedo a recibir represalias negativas en el puesto de trabajo.

3. La violencia: el titular de 2016 de la BBC dice: “Cerca de 95% de los homicidas en todo el mundo son hombres… ¿Por qué las mujeres matan menos?” (https://www.bbc.com/mundo/noticias-37433790). La masculinidad hegemónica enseña que los hombres son más hombres cuando son más fuertes, y relacionan esa fuerza con la violencia. Esto se ve en las películas, la pornografía (cultura de violación que se sigue viendo porque falta educación sexual en los centros educativos), en los dibujos animados cuando son pequeños e incluso en cuentos y juguetes (¿a qué niño no le han regalado una pistola de juguete?). El hecho de educar en banalizar la violencia, o en verlo como si fuera algo que te hace más hombre, para así encajar, es dañino para toda la sociedad, ellos teniendo que ser fuertes día a día, metiéndose en peleas (los que ejercen violencia, que no son todos) y acabando en algunos casos heridos e incluso muertos (estoy recordando una pelea de seguidores de dos equipos de fútbol diferentes donde uno de ellos acabó asesinado por otros, entre los cuales se hallaba detenido además, un menor). ¿Qué tipo de educación es esa y a qué sociedad nos lleva? Quizá deberíamos explicar a nuestros jóvenes que ser fuertes ante la vida, no es levantar la pesa de más kilos, ni pegar más fuerte, sino ser capaces de afrontar problemas y ser capaces de permitirse caer, que la fuerza real les hará levantarse tras el descanso que la tristeza te obliga a hacer.

Está claro que la sociedad no necesita de masculinidades hegemónicas y sí de hombres y mujeres que puedan relacionarse de igual a igual.

Hay algo que me preocupa sobre esta masculinidad, y es que además, al valorarse más a los hombres que a las mujeres, hay algunas mujeres (jóvenes) que para ser “las reinas del mambo”, copian esos modelos de masculinidad hegemónica. Esto también es algo que desde luego desde el feminismo deberíamos cambiar (me refiero a la parte violenta y opresora de la masculinidad hegemónica). Pero bueno, ¡para eso estamos aquí!