Respuesta a: Foro módulo 2

#5095
Josebe
Participante

Estoy de acuerdo con lo que planteais, la violencia entre iguales adolescentes y la permisividad social de la misma, lleva a que se mantenga un doble discurso socialmente. Por un lado, se rechaza la violencia como forma de relación, pero por otro, se permite y apoya. Como se ha dicho antes, ante un comentario de un niño de que alguien pega en la clase o en el patio, la reacción de los mayores es de tu te tienes que defender, y no te dejes pegar. Desde los planteamientos freirianos, la cuestión básica es cambiar las formas educativas, y hacer que las personas que agreden, pegan o quieren mantener el poder por la fuerza, sean rechazadas socialmente. Esto es lo que vi en una escuela de comunidades de aprendizaje: los niños rechazaron inmediatamente a una niña-de las que iba más adelantada- que se rió de un niño con dificultades. La niña, al ver el rechazo que causó en sus compañeros y compañeras de aula su comentario despreciativo sobre el otro niño, cambió de actitud y terminó diciendo que este niño también le había ayudado a ella. Esto tiene que ver con una educación, basada en el diálogo, si, pero también en los valores de respeto y convivencia. Tengo que decir que ese día salí impresionada de la capacidad de niños y niñas de 11 y 12 años de enfrentar con rapidez y mucha sabiduría una situación que no esstaba exenta de complejidad. Me dieron una gran lección. Así que lo mismo que se aprende la violencia, se puede aprender la no violencia. Y creo que las personas adultas, profesorado, educadores y educadoras, familias tenemos que revisar muy bien nuestros propios comportamientos para que no fomentemos los modelos de masculinidad hegemónica, que tanto hacen sufrir a los niños y adolescentes y que tienen un fuerte impacto en los modos de relación social.