Respuesta a: Foro del Módulo 6

#4166
OIHANA
Participante

Buenas, en primer lugar, gracias por los materiales, los vídeos, así como los artículos añadidos en el foro como consecuencia de la intervención de una compañera. Coincido en que las preguntas son amplias y las respuestas pueden ser igualmente extensas como se ha ido viendo en el foro. Y coincido también con muchas de las respuestas dadas en el foro.

Quería añadir un componente que a mi juicio tiene que ver tanto con los movimientos sociales como con la migración, el de la espiritualidad y las creencias locales más allá del plano cultural. La defensa de espacios espiritualmente protegidos es otra razón para la movilización social, muchas veces solapada a la lucha de un determinado territorio, grupo étnico o identitario contra un poder mayor, político o económico que busca “el desarrollo” de un determinado lugar de forma unilateral.

Respecto a la migración de las mujeres al medio urbano, puede haber muchas razones para esos movimientos, tantas como consecuencias positivas o negativas derivadas de esas razones, con lo que categorizar si la migración del medio rural al urbano para las mujeres es positiva o negativa no tiene sentido.
Los entornos únicamente urbanos no son sostenibles per se, entre otras cosas, dependen alimentariamente de los rurales, aunque desde los países del norte y el capitalismo se haya revertido la lógica de dependencia y hayan convertido en dependientes a las zonas con mayor capacidad de producción de alimentos y materias primas, tanto a niveles internos de país como intercontinentales.

Volviendo a la idea de la migración rural-urbana, dos líneas a tener en cuenta: la de las creencias y lo tradicional, entendida como una huida, sobre todo por parte de la población más joven, de los espacios de mayor control social (entornos rurales) a los urbanos donde la mezcla de pueblos diluye en cierto grado dicha presión ejercida por las personas de mayor edad en los pueblos.
Las ideas de desarrollo y modernidad que por muy vagas que sean gozan de la creencia popular de que son positivas, se ven reforzadas por la necesidad de emanciparse del control social de los pueblos y la posibilidad de escapar o escabullirse de algunas de las prácticas tradicionales. (Y creo que no estoy diciendo nada que la mayoría de nosotras no haya observado en generaciones anteriores de nuestras propias familias.)

Y, por otro lado, hablar del impacto de las migraciones internas (rural-urbanas) en la salud. Una de las consecuencias negativas que desde mi experiencia he observado es la mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares entre las poblaciones urbanas y en especial entre las mujeres.
Las actividades vinculadas a las mujeres en el medio rural mantienen un componente mucho más físico que las desarrolladas en la ciudad. Tanto las asociadas al hogar y la subsistencia: recogida de leña, agua, plantas y frutos, y agricultura como las de índole más social: encuentros y visitas o participación en ritos culturales y/religiosos. Dependiendo de la edad de cada mujer, exigen una mayor o menor implicación, pero siguen siendo parte de su actividad, además, se realizan principalmente a pie.
Por el contrario, en los medios urbanos, se altera la forma en la que las actividades mencionadas se realizan, y la sedentarización de las mujeres en sus propios hogares es aún mayor.
La dieta de las mujeres urbanas también sufre cambios. Aunque estas sigan basándose mayoritariamente en cereales, el acceso a los productos alimentarios también cambia: mayor dependencia de lo adquirido que de lo producido, aumento de los cereales importados y/o procesados (pasta importada de trigo) respecto a los locales (mijo, sorgo, fonio…) y descenso del consumo de legumbres y vegetales frescos (más allá de las huertas, infinidad de hojas y arbustos que se encuentran en el campo), así como un mayor consumo de otro tipo de alimentos procesados. El descenso de la actividad física, así como un aparente ligero cambio en los hábitos alimenticios aumentan los diagnósticos de hipertensión y diabetes en las ciudades. La dependencia de medicamentos para regular estas enfermedades, así como la prescripción médica de reducir y/o eliminar el maíz de sus dietas (el cereal más barato y extendido y con mayor índice de azúcares) aumenta el gasto para la supervivencia en los hogares. Y todo ello repercute en la esperanza de vida de las mujeres.
De cualquier manera, la inversión en infraestructuras que promuevan un desarrollo sostenible y la calidad de vida en el medio rural es indispensable para evitar el éxodo a las ciudades. El estudio de caso de Kébémer ofrecía dos ejemplos de inversión: la reforestación dirigida a salvar el ecosistema que permite a la población seguir viviendo en un lugar habitable además de mantener el empleo, y la inversión en sistemas de cocina menos contaminantes, que frenan la aniquilación del ecosistema y que inciden directamente en la salud respiratoria y ocular de las mujeres, mejorando sus condiciones de vida. Pero también en servicios básicos para la población que dignifiquen la vida en el medio rural, tal y como hemos ido viendo en el módulo anterior.

De igual manera los modelos de ciudad deberían estar basados en permitir la vida de las personas en condiciones de dignidad, lugares para vivir que permitan el desarrollo de las personas. Las infraestructuras que urbanizan el medio rural deberían tener su contrapunto en las ciudades, en infraestructuras que permitan el acercamiento de los modos de vida tradicionales y locales en relación con la naturaleza a la ciudad y sus habitantes, en conexión con las escuelas, los barrios y las estructuras sociales.

Un salduo a todas!