Respuesta a: Foro 4

#5083
Usune
Participante

A punto de terminar el plazo para participar en el foro (disculpad el retraso) , aquí van mis reflexiones. Antes debo decir que me ha gustado mucho leer todos los aportes de Ane y las compañeras y compañeros en los que aparecen varias referencias (textos, películas, etc.) para seguir profundizando en el tema. Desconocía la cifra de mujeres investigadoras que ha dado Ainara y que ayuda a romper con muchas ideas preconcebidas que en general tenemos en Europa sobre África y su población.
Estoy de acuerdo con quienes señalan que el desarrollo no debe ser entendido únicamente en términos económicos. A partir de los años 90 las teorías del desarrollo empiezan a apuntar en otras direcciones y el desarrollo humano se mide también desde otros parámetros. Pero lamentablemente creo que ese modelo que entiende desarrollo como crecimiento económico y que viene de la mano del capitalismo sigue imperando y penetrando en sociedades en las que habría sido impensable hace unas décadas, como China o Rusia. Incluso cuando las crisis globales de las últimas décadas (2007, covid) han hecho albergar esperanzas de avanzar hacia un nuevo modelo más centrado en las personas y en el cuidado de nuestro medio, el capitalismo salvaje Ha salido fortalecido, al menos en apariencia.
No dudo de que hay alternativas a un sistema basado en el dinero, además mucho más racionales y cuidadosas con las personas y la naturaleza (como ya habéis apuntado, las cooperativas, el trueque, los cuidados …) y son sobre todo las mujeres quienes lideran estas formas de economía. Me parecen factibles pero ¿a qué nivel? ¿Puede ser una solución a gran escala? Sin un cambio radical a nivel global no lo veo tan claro.
La única sociedad africana que conozco un poquito es la de los campamentos de población saharaui refugiada, una sociedad que vive desde hace medio siglo en medio del desierto y sin más recursos que la ayuda internacional y el trabajo, -duro, organizado y comprometido- de los y sobre todo LAS saharauis, que han sido quienes han llevado y siguen llevando el peso de la organización comunitaria. Durante décadas la provisión de servicios básicos -reparto de alimentos, recogida de basuras, distribución de agua, educación, salud …-, ha estado en manos de las mujeres, sin que recibieran por ello ninguna compensación económica. Después de tanto tiempo en el refugio, con una ayuda humanitaria cada vez más escasa, las necesidades de la población crecen. Por otro lado, los precios de los alimentos y otros productos en las tiendas locales se han disparado, mientras que la gente empieza a demandar bienes de uso común en las sociedades (ricas y no tan ricas) como coches, smartphones, etc. En la actualidad, aunque el trabajo sigue siendo voluntario en muchos casos, la población exige una remuneración económica que le es absolutamente necesaria para vivir, hasta el punto de que mucha gente ya no trabaja si no recibe un incentivo monetario, y esto puede poner en riesgo el modelo solidario que ha venido caracterizando hasta ahora a la sociedad saharaui. Las mujeres resultan más perjudicadas porque muchas veces su trabajo sigue considerándose “de segunda”, o se les sigue pidiendo que trabajen de forma voluntaria. En cuanto a su papel en el mundo laboral, en el sector público ellas son mayoría en el ámbito de la salud (enfermeras, matronas), de la educación, secretarias, etc. Existen varios programas de organizaciones internacionales para promover el emprendimiento y las mujeres los han aprovechado bien, aunque mayormente se inclinan por negocios tradicionales (peluquerías, producción textil, elaboración de comida, etc.) muchas veces en forma de pequeñas cooperativas. Pero también van surgiendo algunas iniciativas novedosas como un centro de estudios y orientación para el empleo juvenil promovido por chicas jóvenes.