Respuesta a: Foro módulo 2

#5086
Ixiar
Participante

Creo que ya desde la infancia la violencia física no se combate como se debiera. Se tolera, se tiende a justificar, se ve como un rasgo natural. El maltrato entre iguales, burlas, abusos de poder, el rechazo, la exclusión se justifican como cosas de niños, como parte del proceso de aprendizaje en la vida. Y aunque la sensibilidad es mayor hoy en día, creo que tenemos que poner más empeño en educar en actitudes más respetuosas y empáticas. La sociedad en general quiero decir, familia y escuela.
Si me baso en la experiencia escolar que he vivido con mis hijos, constató que los niños que fueron agresivos en la infancia, bien físicamente como de forma verbal, hoy en el instituto siguen manteniendo las mismas conductas abusivas, zanjando conflictos a golpes o humillando a sus compañeros con desprecios.
¿Qué estamos haciendo mal para que estos jóvenes hayan aprendido tan poco y sigan comportándose en la adolescencia tal y como lo hacían en la infancia?
Los patios de las escuelas e institutos son la jungla. Los chicos ocupan la mayor parte del espacio con un balón como excusa que les sirve para primero, encajar, sentirse parte del grupo y también, para medirse cuerpo a cuerpo y establecer jerarquía. La tolerancia a este tipo de comportamientos por parte del profesorado es de un nivel mayor que el deseable por los jóvenes que están en inferioridad de condiciones. Mientras no se maten…manga ancha. Si se interviene, la solución es la represión, castigos, expulsión… Otra vez la ley del más fuerte, el poder de la institución como arma educativa.
Y que hacemos los padres cuando nuestros hijos nos cuentan una situación de acoso o abuso, pues muchas veces responsabilizarlos a ellos, presionarlo más si cabe. ¿y tu que has hecho?, ¿te has defendido?, no te dejes…Los empujamos a los leones. O los superprotegemos, victimizándolos.
Y todo esto les ocurre en pleno desarrollo de la identidad. ¿Qué estamos trasmitiendo? La importancia del poder, el más fuerte gana. La importancia de no mostrar debilidad porque la consecuencia es que te comen. A relacionarse desde el físico y a evaluarse por la competencia física. A que los iguales son el grupo que ocupa el espacio principal y los que eligen el margen del campo de batalla son los otros. A relacionarse con la autoridad desde la obediencia. A cumplir con el estereotipo para encajar, para ser aceptado.
Y por supuesto, a reproducir esos patrones por siempre jamás, en todos los contextos, hasta que no se haga el esfuerzo de desaprenderlos.