Respuesta a: Módulo 4

#945
mariandelmoral
Participante

¡Kaixo!

Almudena, Patricia, Ainhoa, Maite, Paula y 0000 (no sé cuál es tu nombre), gracias por todas vuestras recomendaciones y reflexiones. ¡Son geniales! Estamos todas en la misma línea de auto-reflexión y auto-cuestionamiento como profesionales que se dedican, desde diferentes ámbitos, al continente africano y por otro lado, al compromiso de replantear los “modus operandi”, ideologías y formas de acometer el trabajo que realizamos. Indudablemente, un enfoque euro-andro-etno-céntrico no nos gusta nada. 🙂

Tenéis toda la razón al hablar de brecha digital y falta de acceso a las tecnologías en algunas zonas rurales (incluso urbanas) o cuando remarcáis el gran papen de las mujeres en la “economía informal”. Desde mi propia investigación y experiencia, puedo decir que los modelos de resistencia e incluso creatividad a la hora de actuar en pro-de sus propios beneficios, posiciona a las mujeres africanas (y me choca hablar con tal generalización), una vez más en un lugar aventajado, es decir, han sabido adaptarse a los tiempos, generar sus propios mecanismos y servirse de los recursos a su alcance, de forma magistral. Esto, en la mayoría de los casos, no hace que estén en igualdad respecto a los hombres, pero sí las identifica como agentes activos en sus sociedades e incluso a nivel internacional. Este, aunque parezca una tontería, es un gran cambio de percepción y concepción de las mujeres africanas. El verlas e identificarlas por lo que hacen y consiguen, cambia mucho el enfoque.

Podría hablaros del caso del cine nollywoodiense y sus estrategias de producción y distribución, al igual que la gran aportación que desde la economía informal, se hace a otros ámbitos de la economía formal. Realmente lo de formal e informal también requeriría un debate, que por ejemplo, el autor Brian Larkin, emprende con respecto a la piratería en el cine de Nollywood. ¿Qué es pirata o no si la generalidad de la población lo produce y lo consume?. Realmente, se denomina de una manera excluyente a todo lo que está fuera de lo que marca la ley o normas del mercado, pero no olvidemos que eso también es una construcción social y política, además de responder a un contexto histórico. Con todo ello, me surge la reflexión entorno al poder y el “empoderamiento”, que también tienen estas mujeres en ámbitos “informales”, aunque no aparezca en las estadísticas de las economías formales… Ahora bien, ver este potencial, no nos puede amilanar en la lucha por alcanzar esos derechos laborales en esas otras esferas que privilegian a los hombres y sobre todo, si son blancos.

Incluso aquí en España y ahora con la situación COVID, hay todo un debate con respecto a la conciliación del ámbito de los cuidados y el trabajo fuera de casa, que con el teletrabajo se fusiona en espacios y tiempos con el del cuidado (al menos el de los hijos y personas mayores). Nos damos cuenta que las dicotomías y separación, también por géneros, que implantó en su época el mercado de trabajo, doméstico-privado y público-político, adscritas a mujeres y hombres respectivamente, está puesto patas arriba con la situación actual…

Sigamos… pensando y actuando y digo yo, que algo, cambiará, por el bien de todas y todos.

Un abrazo y buen día,
Marian